El formato físico ha sido siempre un miembro clave en la ecuación del contenido audiovisual; desde el primigenio kinetoscopio de Edison en E.E.U.U (y el cinematógrafo de los hermanos Lumière en Francia), hasta el último grito en discos Blu-Ray 4K con hasta 100 Gb de capacidad.

Sin embargo, todo en esta vida evoluciona; la era de internet y la informática ha supuesto la mutación darwiniana necesaria para cambiar nuestra forma de consumir contenido audiovisual. Pero a pesar de todos los malos augurios y las pésimas predicciones, el formato físico se resiste a desaparecer. ¿Por qué?

En esta sección de opinión (que será recurrente) trataremos de ofrecer un repaso a temas relacionados con el mundo tecnológico, y de paso, analizar aspectos interesantes que dan lugar a debate (no te olvides de visitar la sección de comentarios).

Iniciamos este periplo hablando del formato físico en el mundo audiovisual; constará de 3 partes: la primera dedicada a realizar un breve repaso en la industria de la música; una segunda parte centrada en el formato usado en el cine y tv; y un último capítulo dedicado a los formatos existentes en los videojuegos, el coleccionismo de todos los formatos y el futuro de estos como medio tangible. Comencemos.

Música para los oídos

El arte de la música lleva con nosotros prácticamente desde la prehistoria (ya sea mediante canto o instrumentos muy rudimentarios). No fue hasta la invención de un soporte que permitía la grabación de las notas musicales, cuando la música se convirtió en algo portátil y transferible a nivel individual sin necesidad de tener conocimientos técnicos (excluyendo la radio).

Antes, el público se limitaba a disfrutar de ella en conciertos, gracias a artistas callejeros o de manera personal si uno tenía la suerte de poseer un instrumento y formación necesarias.

El fonógrafo

De esta manera, el siempre presente Thomas Alva Edison fue el precursor de las grabadoras y reproductores que hoy disfrutamos: en 1877 anunció y presentó en sociedad la invención de su primer fonógrafo. Un año más tarde lo patentó. Así, este invento se convirtió en el primer aparato capaz de grabar y reproducir sonido, representando todo un adelanto para la época.

Gracias a este hecho, la pieza “Mary had a little lamb” (“María tuvo un corderito”) se convirtió en la primera obra interpretada por un instrumento de estas características en la historia, allá por noviembre de 1877.

Por aquel entonces, fueron varios los materiales usados para encontrar el soporte perfecto de las grabaciones: desde papel de estaño hasta cartón parafinado. Finalmente, en 1890, el cilindro de cera macizo se convirtió en el soporte estándar para comenzar con la difusión comercial fonográfica. El principal inconveniente del sistema de Edison era la imposibilidad de obtener duplicados de los cilindros mediante moldes, lo que dificultaba la difusión de dichos cilindros para ser comercializados.

Estos hechos iniciaron toda una competición entre distintos inventores y se generó una industria del sonido que daría lugar después a aparatos como el gramófono o el tocadiscos.

De hecho, el inventor Alexander Graham Bell creó el laboratorio de investigación Volta Associates con el objetivo de mejorar la técnica de sonido conseguida por Edison con el fonógrafo. Gracias a sus esfuerzos, hoy en día se conservan las grabaciones de prueba del famoso inventor después de un duro proceso de restauración (hablamos de registros con más de 130 años de antigüedad).

El gramófono

No obstante, en la carrera por mejorar y perfeccionar la reproducción del sonido, un tipo llamado Emile Berliner quiso competir de tú a tú con el señor Edison; de esta manera, en 1888 Berliner patentó y registró una máquina parlante que también grababa y reproducía sonidos. Así nació el precursor del tocadiscos: el gramófono.

Este sistema mejorado del fonógrafo utilizaba como soporte un disco plano, en vez del cilindro de cera. El proceso de impresión era distinto, dado que el disco plano se basaba en la amplitud lateral, mientras que el cilindro lo hacía teniendo en cuenta la profundidad de la huella impresa. Con una manivela se iniciaba la reproducción.

Las ventajas de este invento respecto del fonógrafo fueron evidentes. Con una sola toma de sonido, el gramófono podía prensar miles de copias a partir de una única matriz (molde original). El fonógrafo, en cambio, necesitaba ejecutar 25 veces la misma obra y grabar los cilindros directamente de manera simultánea en 20 fonógrafos, utilizando para ello 500 cilindros en total.

El disco superó a los demás inventos por su menor costo de producción; constituía una “máquina parlante” con un mecanismo más sencillo y disco de fabricación menos complicado. Así, los primeros discos comerciales producidos por la compañía “Gramofon” que funda Berliner eran de ebonita (goma endurecida), material que él denominó vulcanite, cuyo diámetro era de 13 cm. Más tarde la goma laca se volvió un estándar.

Sin embargo, los inicios de la distribución comercial de los primeros formatos físicos en la música ocurrió durante el mes de mayo de 1902: aparecen en venta en Europa los primeros 10 discos con versiones grabadas por el cantante Enrico Carusso en la ciudad de Milán. Tenían un diámetro de 25 cm, una sola cara y en su etiqueta aparecía el primer logo registrado por dicha compañía, el “Angelito”.

Así, estos diez discos fueron los encargados de alentar a realizar grabaciones discográficas a muchísimos artistas que hasta ese momento se resistían a colocar su voz en un objeto sólido para ser conservada en el tiempo. De esta manera nació la industria discográfica.

La llegada del tocadiscos

Con el paso del tiempo, los avances en sonido dieron lugar a la aparición del famoso disco de vinilo. Este sistema se mantuvo vigente como principal medio de distribución musical desde los años 30 hasta la década de los 80. Hoy en día su producción se limita a nichos de entusiastas y grupos de coleccionistas.

Sin embargo, su larga trayectoria ha dado lugar a conceptos tan universales en el mundo de la música como los premios “Disco de Oro”, “Disco de Platino” o “Golden Records”, (en clara alusión a este tipo de formato) y expresiones populares como “Te repites más que un disco rayado”.

Su evolución ha sido más larga que sus formatos precursores, presentándose en distintos tamaños y calidades variables. El principal material usado es policloruro de vinilo, el cual se estría en una forma espiral modulada. Así, se crea un surco donde la aguja del tocadiscos hace contacto para reproducir la grabación a una velocidad constante de 78 RPM.

Además, los distintos métodos de grabación (tanto acústica como eléctrica gracias a los primeros micrófonos) o las mejoras en sonido han sido claves para el desarrollo de la tecnología sonora en la industria: la alta fidelidad (Hi-Fi) que distinguía grabaciones con supuesta mejor calidad que las estándares, el sonido estereofónico y el cuadrafónico, la ecualización o la supresión de sonidos residuales para una mejor reproducción, entre otros.

Por otro lado, las desventajas de este tipo de formatos analógicos son varias debido a la naturaleza de su tecnología. Los discos de vinilo pecaban de rayarse con facilidad; la aguja del tocadiscos podía registrar las vibraciones de la habitación, extendiéndose luego en la reproducción del disco (o salida de la aguja del surco); cargas electrostáticas que generaban el característico “pop”; la fuerza rastreadora de la aguja no era siempre la misma, por lo que la reproducción podía oscilar y no ser constante…

A pesar de estos problemas, supuso el primer formato que acercó a las masas la música de manera generalizada, y los éxitos de bandas como los Beatles (entre otros) hicieron proliferar este tipo de discos a muchas partes del mundo.

Aparición del casete

A partir de los años 70, la tecnología de grabación magnética supuso un cambio importante en las tecnologías de sonido (y de imagen, como veremos más adelante); el formato que se encargó de relegar al vinilo fue la cinta de casete, o cassette compacto. Aunque en un principio fueron previstos  como medio para el dictado, estas cintas se extendieron para el uso de música pregrabada y audio portátil de grabación casera.

Así, entre los 70 y 90, el casete era uno de los dos formatos más comunes para la música , junto a los discos de vinilo. A partir de los años 90, el desarrollo de la tecnología digital y la aparición del Compact-Disc acabaron por condenar al olvido a este formato.

Los casetes compactos constaban de dos carretes en miniatura, entre los cuales se pasaba una cinta magnética. Estos carretes se encontraban dentro de una carcasa protectora de plástico. En la cinta estaban disponibles dos pares de pistas estereofónicas, uno por cada cara, y había que darle la vuelta a la cinta para seguir con la reproducción de la otra cara.

Sin embargo, la calidad de los primeros reproductores no era adecuada para la música, y además los primeros modelos tenían fallos de diseño mecánico. En 1971, Advent Corporation introdujo una serie de mejoras que dieron como resultado un formato apto para el uso musical y el inicio de la era de casetes y reproductores de alta fidelidad.

A la hora de rebobinar las pistas, el método popular consistía en introducir un boli en uno de los agujeros de la cinta y darle vueltas hasta enrollar del todo la cinta magnética (la otra manera era hacerlo de manera automática gracias al reproductor de turno). Aunque el casete es un formato analógico, también se desarrollaron formatos de cinta digitales, como el DAT y el casete compacto digital (DCC)​.

Así, durante los años 1980, la popularidad del casete creció más como resultado de las grabadoras portátiles de bolsillo y los walkman de Sony, cuyo tamaño no era mucho mayor que el del propio casete. Más adelante surgieron algunos formatos sucesores basados en cintas magnéticas, como el mini casete, elcaset o el minidisc (este último como una alternativa al casete y al CD, con una capacidad de almacenamiento mayor al casete y un tamaño menor al CD).

Y llegó el Compact-Disc, o CD

La llegada de la tecnología digital supuso un salto de calidad en la industria audiovisual. Las ventajas de esta tecnología respecto de lo visto anteriormente eran muy grandes: el uso de un láser para la lectura de la información no provocaba desgaste; podías repetir las pistas una y otra vez sin miedo a perder calidad sonora; la búsqueda de pistas era instantánea y la durabilidad respecto de los casetes o los vinilos era superior.

El desarrollo de esta tecnología, que más tarde se aplicó (y evolucionó) tanto a la distribución musical como cinematográfica e informática (incluyendo el mundo de los videojuegos), empezó en la década de los 70 con el director Lou Lottens (director de la Corporación Tecnológica de Philips). Tenían la intención de crear un formato nuevo que superase la calidad de sonido analógico que ofrecían los discos de vinilo.

Así, en la década de los 70, tanto Philips como Sony crearon prototipos de discos ópticos compactos, llegando a estandarizarse con un diámetro de 11.5 cm y fabricados en  policarbonato de plástico; de esta manera, Sony Corporation mostró por primera vez públicamente un disco de audio digital óptico en septiembre de 1976.

En septiembre del siguiente año, la empresa saco a la palestra un disco de audio digital óptico con un tiempo de 150 minutos de reproducción, grabado con una velocidad de muestreo de la señales de audio de 44.056 Hz y resolución lineal de 16 bits, entre otras características.

Estas especificaciones se establecieron más tarde en el formato estándar del Compact Disc en 1980. En 1982 se comenzó a comercializar de manera masiva este nuevo formato, siendo todo un éxito en toda la década siguiente. Todavía hoy en día se sigue usando como principal medio de venta comercial musical en soportes tangibles.

La primera revolución digital en la era de internet: iTunes

Durante toda la década de los 90 el Compact Disc era el principal medio de distribución física de álbumes musicales en la industria. Pero con la llegada de internet a los hogares y su estandarización como servicio básico hoy en día en la informática doméstica y profesional, la industria musical sufrió un cambio del que todavía muchas discográficas intentan recuperarse.

Las nuevas tecnologías de la información han dado lugar a la creación de nuevas formas de distribución. Los inicios de internet eran prometedores, y su enorme potencial comenzó a vislumbrarse a nivel comercial con la llegada en 2003 de tiendas digitales como iTunes.

Gracias a estas tiendas a la carta, un usuario podía comprar exclusivamente aquella canción que le interesase, sorteando la obligada necesidad de tener que adquirir el álbum completo en CD. Esta ventaja, unida al bajo precio de las canciones sueltas (0.99 dólares) y la facilidad del proceso de compra, popularizaron enormemente esta manera de consumir contenido musical.

Además, el iPod de Apple como reproductor de música portátil (que usaba iTunes como medio para adquirir canciones) y otros reproductores que popularizaron los formatos digitales como el mp3, ayudaron a estandarizar esta forma de escuchar música. El Walkman de Sony y los Disc-man (reproductores portátiles de Compact Disc) ya eran cosa del pasado.

La segunda revolución digital en la era de internet: Spotify y el streaming

Si ya en su momento Internet abrió la veda a las tiendas digitales, también ha supuesto nuevas formas de evolución en la industria musical (y en general en todo el mundo audiovisual a nivel doméstico). Si los formatos físicos iban mejorando con el paso del tiempo, siempre lo hacían sobre la misma base de crear algo tangible.

Ahora la era digital hace lo propio en su medio de números binarios y frio silicio: las tiendas como iTunes siguen cosechando cierto éxito, pero el streaming ha venido para quedarse y sustituir a la compra de música por tarifas planas. Spotify fue la primer empresa que popularizó esto en una escala importante.

Ahora la tendencia es disponer de un servicio de reproducción a través de internet; en este, uno tiene acceso a todo el catálogo musical que la empresa (ya sea Spotify, Apple Music, Deezer, etc) es capaz de proporcionar. Todo esto a cambio de un pago periódico cuyo precio puede variar dependiendo de las características del servicio. La comodidad que supone esto ha marcado la forma de consumir música, y es lo que impera hoy en día.

¿Y qué pasa con el formato físico musical en la actualidad?

A nivel comercial, el formato físico en la industria musical ha pasado a un segundo plano. Todavía se siguen vendiendo discos compactos, álbumes en incluso discos de vinilo, pero se limitan a pequeños nichos de clientes coleccionistas. La comodidad que supone poder acceder a todo un catálogo musical sin necesidad de salir siquiera del smartphone, ha convencido a la mayoría de la gente. Y la tendencia es similar en otros sectores audiovisuales, como el cine o los videojuegos. Pero eso lo dejaremos para la semana que viene.